Crónica de una cacerolera


Pucha digo, che. Son las siete y el pelo que no se me seca. ¿Podés darle más potencia a este secador, Martita? ¡Me voy a perder el cacerolazo! Uy qué cara, me parece que Martita es K. Lógico, no me sorprendería para nada, si debe tener más planes que yo para este verano. ¡Ajajajaja, qué sagaz estás hoy, Mechi! Porque a Punta me voy sí o sí, y en Marzo me voy a visitar a la nena a Londres. Estos negros de mierda no me van a cagar con el cepo ese porque lo tengo a Gonza, el hijo del Dr. Beccar Varela, que me cambia los pesos y me trae el dinero a casa. ¡Cuánta gente! Ya va a ver esta yegua. Qué se cree, ¿que va a usar la plata de nuestros impuestos para alimentar vagos así de fácil? Ja, ya va a ver. No va a durar ni dos días después de la batahola que le vamos a armar hoy. Va a ver lo que es el poder del pueblo, digo de la gente. Porque es la gente la que tiene el poder en este país. La gente como yo, como Amalia, como Mariquita. No, la gente como Martita, no. Eso es lo que quiere la yegua. Pero no se lo vamos permitir. Yegua malparida. ¡A ver cuándo te la llevás con el marido, Dios! Aunque hay que admitir que el marido era mucho más aguantable que esta conchuda. Salvo eso de bajar los cuadros del Colegio Militar, lo demás no fue tan grave. Pero esta turra, ¿qué se cree? ¿Que porque usa carteras caras va a hacer lo que se le cante? Igual sus carteras serán caras, pero no deja de ser una grasa. ¡Ahí va el Dr. Rinaldi! Atilio Rinaldi. Buen partido, me lo perdí por estúpida y lo agarró Estela. Pero flor de cornuda resultó, no supo tenerlo cortito. Ay, por fin terminaste, Martita. Tomá, te dejo a vos los $ 250 porque si tengo que esperar a que me atiendan en la caja no llego al cacerolazo. Y estos dos pesos son para vos, linda. “Linda”. Qué falsa soy a veces. Además de negrita es fea de verdad, parece que lo hace a propósito, mirá. Qué hermoso ver tanta gente de bien reclamando por sus derechos. Bah, “hermoso” es un poco exagerado. Hermoso es irse a París sin preocuparse porque la AFIP te investigue por comprar diez mil euros de un saque. Cómo extraño esa época, pensar que fue hace un año nada más. Y ahora hay que aguantar esto. ¿A dónde vamos a ir a parar si no frenamos a estos comunistas? Igual no lo van a lograr, no. Voy a buscar la cacerola que usé en Septiembre, que aguantó bien y que Lili me dijo que le encantaba. Quedé a las 19:30 con Remedios y Rosarito en la esquina de Alvear y Pellegrini. Llego justo. Pobre Rosario. La hija, Felicitas, se le afilió a La Cámpora. Qué desgracia. Igual a la hermana le salió, que se hizo montonera. Aunque ella dice que es pura casualidad porque Feli no conoció a su tía porque nació después que le perdieron el rastro. Pero esas cosas están en los genes y para mí Feli heredó lo subversivo de la tía, qué querés que te diga. Ahí están. Mirá lo que es Remedios, por favor. Le pasó un tren por encima. Le llevo dos años y parece mi madre. Qué barbaridad. También, con el lío que tuvo el marido con las autopartes que traía del Paraguay…hay que meterse en un negocio de esos, eh. Menos mal que el Dr. Beccar Varela lo está salvando, que si no…¿Vamos al obelisco? ¡Qué emoción! Hace añares que no paso caminando por ahí. Che, ¿pero será seguro? Hay mucha gente. Bueno, vamos hasta donde lleguemos. Cuántas cámaras, cuántos medios. ¿Saldré en PPT el domingo? Ay, ¡ojalá que sí! ¡Menos mal que me puse divina! Se pusieron a cantar, era lógico. Mucho no me gusta, parece el Campo Argentino de Polo desde que Adolfito trae gente de Mataderos. Pero bueno, hay que hacerse escuchar. Ahí viene uno con un micrófono, viene directo hacia acá. ¿Me va a entrevistar? No, la agarró a Remedios. No importa, yo me meto por atrás y digo algo…a ver…¡Renuncie, Señora! ¡La gente ya no la quiere, entérese! ¡¡¡La gente no la quiereeeeee!!!! ¡Ja! ¡Se lo dije! ¿Y esos muchachos morochos? ¿Qué? ¿Camioneros? Ah, no. Yo me voy. Está bien que ahora ellos también odian a la conchuda, pero bien que antes eran amigos. A mí no me engañan, no. Rosario dice que son simpáticos, seguro que se ratonea. Pero a mí no me engañan. Son negros. Y los negros son traidores. Mejor me voy a casa. Ya cumplí. Salí en la TV, me descargué y seguro que en poco tiempo la malparida esta se va a tener que ir y se va a llevar a sus amigos guerrilleros a morirse de hambre en el sur. Ya van a ver. Uy. Me robaron la billetera. ¿Pero cómo? ¿Cuándo? Debe haber sido alguno de los camioneros. Seguro. Cuando hice mis declaraciones a la prensa seguro que aprovecharon. Pucha digo, che. Voy a tener que cancelar todas las tarjetas. Y todo por culpa de esta yegua.

 

Oficinista Aburrido – Grupo Choripan

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